Sobre mí

Mi trayectoria profesional, las experiencias que han moldeado mi forma de diseñar y mi historia personal.

Juan Alonso trabajando en su escritorio
De reconstruir el pasado a diseñar el futuro

La mayoría de las personas que conozco piensan que la Arqueología es desenterrar dinosaurios (esto es paleontología) o mosaicos romanos con una brocha. Pero eso es lo de menos — la arqueología es saber interpretar sistemas sociales a partir de los escasos restos que sobreviven.

Es aprender a ver el todo a partir de las partes. Es un proceso científico y analítico, pero también requiere una dimensión creativa. La buena arqueología y la buena antropología, por cierto, son en última instancia esa combinación equilibrada entre ciencia y creatividad.

Cuando una turista visita un yacimiento arqueológico sólo ve pequeños restos de muros, callejuelas y objetos curiosos. Un arqueólogo ve la casa entera, con sus paredes alzadas, su cubierta, cómo se disponían los objetos y cómo interactuaban con ellos sus habitantes.

Lo sabe porque ha trabajado con esos materiales y conoce paralelos de otros yacimientos y culturas. Lo que tiene delante siguen siendo cuatro piedras y tres cacharros — pero lo que ve es un sistema completo.

Excavando un yacimiento prerromano cerca de Trujillo, 400 a.C. 2022

Diseñar un producto digital se parece más a esto de lo que parece. Si entiendes el producto de forma holística, como un sistema y no como una interfaz, el método de trabajo es prácticamente el mismo. La diferencia clave radica en que:

La arqueología reconstruye el pasado más lógico y el diseño de producto intenta construir el futuro más lógico

Donde el arqueólogo tiene cuatro piedras, un diseñador tiene cuatro pantallas, una idea a medio formular o un equipo con una intuición. Donde el arqueólogo infiere cómo vivía la familia dentro de la casa, un diseñador imagina cómo se va a comportar el usuario dentro del flujo. Donde el arqueólogo busca paralelos en yacimientos vecinos, un diseñador busca paralelos en el mercado: qué actores operan, qué dependencias existen y dónde se mueve el valor.

En los dos casos, el trabajo es el mismo. Ver el sistema completo a partir de las piezas que hay sobre la mesa.

Muchos fundadores interpretan una interfaz como el turista que visita unas ruinas. Los perfiles técnicos saben leer la casa entera. Pero un buen Product Designer ve el sistema — ve la cultura completa.

El punto donde el diseño de producto se separa del método arqueológico: diseñar implica crear una red de incentivos económicos orgánica y escalable entre todos los actores. El producto no es una herramienta aislada — es un engranaje más dentro de esa red.

Cuando alguien me contrata para diseñar producto, esto es lo que entra conmigo. La mirada arqueológica para leer el sistema, y la mirada de producto para construir esa red de incentivos.

Cómo llegué al diseño de producto

El trabajo como arqueólogo es tremendamente especial, pero no es un entorno favorable a nivel de mercado. Más bien, casi sin excepción, es visto por tus clientes como un impuesto indirecto del estado.

Esta situación hace que sea muy difícil competir por algo que no sea el precio. Por ello, es un sector precario, con mucha movilidad e incertidumbre. Tomé la decisión de embarcarme en una nueva etapa, aprovechando mi interés en diseño desde siempre y escuchando los consejos de mis amigos que trabajaban en el sector IT y que mejor me conocían.

Decidí estudiar el Bootcamp de UX/UI Product Design en TheBridge (2023), donde tuve la inmensa suerte de aprender de grandes profesionales y de enamorarme instantáneamente por el diseño de producto y el design thinking en toda su extensión.

Claramente, mis amigos tenían razón, era un rol en el que sentía que podía poner en práctica todas mis habilidades. Tanto en lo creativo como en lo analítico.

Mi trabajo como Product Designer en un Venture Builder Proptech

TheFringe/Labs, un venture builder Proptech afincado en Madrid, confió en mí para liderar el área de diseño de producto en las numerosas empresas aceleradas e incubadas por la empresa.

Enseguida me cautivó el ecosistema de las startups. Su ritmo, los retos continuos y la necesidad de estar siempre aprendiendo e iterando codo con codo con el resto de departamentos y miembros de los equipos.

El foco principal de la empresa era su expertise en data y en negocio, lo que me hizo adquirir una perspectiva muy holística de cómo funciona un producto digital en el ecosistema proptech en particular, y en el mercado en general.

En los dos años de experiencia vertiginosa en el Venture Builder he podido poner en práctica mi pasión por investigar y validar hipótesis, trabajando y viendo crecer numerosos proyectos 0→1.

Sin embargo, el mayor aprendizaje que me llevé fue entender una cosa:

La mayoría de problemas de diseño en producto no son problemas de diseño. Son problemas de decisión.

  • Vi lo difícil que es frenar para validar una hipótesis con el reloj en contra —y lo caro que sale no hacerlo a tiempo.
  • Vi cómo la velocidad, tan valiosa al arrancar, va sumando complejidad hasta que acaba pesando más de lo que aporta.
  • Vi lo fácil que es que el día a día y un roadmap lleno se coman el espacio para pensar a largo plazo, a fundadores incluidos.
  • Vi cuánta investigación de usuario quedaba sin hacer, más por costumbre que por falta de ganas o de necesidad.

Y, sobre todo, vi cuánto aporta el diseño de producto cuando entra antes y más hondo en esas decisiones.

Si quieres hablar de un proyecto, /contact es el camino corto. Si quieres saber cómo pienso antes de escribirme, /approach es la lectura larga.